tebeos El Torres Miguel Brieva

Orixás y viñetas

He de confesar que no me compro un cómic nuevo desde hace mas de un mes. No es que haya dejado de gustarme leer tebeos, tengo la suerte de que mi pareja se lo compra prácticamente todo y leer de gorra siempre es un placer cuando eres pobre like the rats. Con miles de cosas pendientes de lectura y 20 más acumulándose cada mes, me lo tomo con calma porque se que jamás me lo voy a leer todo -también se que no hay necesidad de leerlo todo-. De todos modos, donde quedan lagunas no hay mas remedio que rellenarlas, los dos últimos tebeos que me compré fueron Tambores de El Torres y Memorias de la tierra de Miguel Brieva.

No os cuento lo de Memorias de la Tierra, porque mi autor favorito quizá sea Brieva y me pondré mucho mas empalagosa de lo normal; Si solo pudiera salvar un libro de mi estantería seguramente sería uno de los suyos. Un día de estos le tengo que dedicar una entrada. Será preciosa. Pero hoy NO.

Nos quedamos con El Torres, uno de los autores que mas me sorprende del panorama nacional y no solo porque sea uno de esos elegidos guionistas que ha cruzado el charco, pues aunque hay bastantes dibujantes españoles trabajando para la industria del cómic USA, parece que no es tan habitual con los escritores. Mi interés por sus historias viene desde el riesgo de hacer género de terror puro. Fantasmas, zombis, vudú, personas atormentadas que se debaten entre el frío escepticismo y el mas allá.

En el caso de Tambores, siendo sincera, es un tebeo que me ha dejado un poco fría respecto a los dos trabajos que ya había leído; El Velo y El Bosque de los Suicidas. En estos dos primeros álbumes, de una narración introspectiva, casi claustrofóbica, se encaja a la perfección el estilo de Gabriel Hernandez y junto con el tratamiento de los personajes, consigue transportarme a la historia con esa inquietud que solo se consigue desde el terror bien construido. Además, admito que siento cierta debilidad hacia El Bosque de los Suicidas, por ser un cómic de terror a lo japonés -en digna representación patria- al estilo The Ring, muy logrado y concebido casi como un homenaje al género.

Volviendo a Tambores, en esta, como en las anteriores se mantiene una linea argumental similar: “Investigación policial de ciertos crímenes ocurridos en extrañas circustancias, con un protagonista atormentado de por medio que es el punto clave y el elegido para que le sea revelada la verdad“.  No le encontré demasiada chicha, además de parecerme excesivamente revelador, previsible si queréis. Tal vez haya influido en mi percepción, el ser un tanto ilusa al creer que, solo por el hecho de tratar el tema que mas me interesa de cuantos ha tocado este autor, sería suficiente para considerarlo una obra maestra. Igual me he pasado con las expectativas. Aún con todo, a mi no me acabó de provocar ese desasosiego incómodo de los dos mencionados anteriores.

No obstante, si tengo que destacar algo de Tambores es el magnífico trabajo de documentación que se desprende de cada viñeta, en cada Orixá, en cada rito y en cada sacrificio; Y aunque haya mezclado la santería con religiones afrocaribeñas es notable el hecho de que se “salte las reglas” con conocimiento de causa, de forma inteligente. El Torres consigue que el Vudú y el Candomblé, no sea solo una excusa para hacer un cómic de terror, con un tema inusual, sino que es la verdadera alma de Tambores e impregna toda la historia como un halo invisible.

Para terminar, diría que no me gusta demasiado que se hagan tan pocos cómics de terror nacional -para mi nunca son suficientes- y encuentro unas carencias terribles, cuando ahora mismo se me ocurren al menos media docena de autores, que podrían aventurarse en el terreno del horror sin despeinarse y seguramente con magníficos resultados. Ojala lo hagan. En mis sueños.  Y si no, siempre me quedaran los benditos japoneses.