Psicomagia

A la lógica desde el instinto primitivo.

El ser humano esta lleno de contradicciones, si tuviéramos absoluta coherencia entre nuestro pensamiento, lo que decimos y lo que finalmente hacemos, o mostramos a los demás, seríamos perfectos. Pero no lo somos. Somos la cara y la cruz, el bueno y el malo a la vez. Esta paja mental, diréis, ¿a que viene?.

A propósito de uno de mis cineastas favoritos, Paul Verhoeven, al que considero una de las mentes mas preclaras del cine. Es inteligentísimo este hombre.

Ciencia ficción vs Psicomagia. Gana la primera. Claramente.

Prácticamente, crecí con sus películas, tendría unos 8 años cuando vi Robocop por primera vez en un cine de verano. En las múltiples oportunidades que tuve de revisionar en tv, y años después, en vídeo, a menudo me quedaba la sensación de que de algún modo no era capaz de entenderlo todo.

Ya en los noventa con Desafío Total se confirmaban mis sospechas de que no estaba ante una simple cinta de ciencia ficción o acción “sin emoción”, que lo que estaba impreso en cada una de esas secuencias, con Swarzenegger corriendo frenéticamente por su vida, de alguna manera, debajo de la capa de sangre e higadillos, habia mas capas de sangre e higadillos y debajo de esas, habia una capa de realidad, casi profética. Había que descifrarlo, pero no en lo que contaba de forma explicita, si no en lo que la película de algún modo se callaba.

Mas en lo que no muestran, que en lo que enseñan.

Y entonces apareció Showgirls, esa GRAN incomprendida. Esa película que todo el mundo comentaba entre risitas porque había mucha puta y mucha teta, porque estaban todas muy buenas y que golfas eran. Imagino que es complicado en una película así desviar la atención y no quedarse en la superficie, por eso y basándome en lo que me cuenta casi toda la gente con la que he podido hablar de Showgirls, se suele opinar que es una de las peores películas de Verhoeven, que es aburrida, carente de ritmo y que solo vale la pena por su erotismo, el cual muchos, también consideran bastante vulgar, sin la sensual sutileza de Instinto Básico. Siempre suelo recomendar volverla a ver después de que yo les haya comido la olla (LA OLLA, que os leo la mente). No suelen hacerme caso.

 Pero no voy a hablar de Showgirls, (no ahora, quizá en otra entrada) porque quiero empezar por el principio, por la mas evidente, la que es, para mi, su obra maestra, la pura esencia de su cine. Y eso que tengo la opinión de que en el fondo, siempre habla de lo mismo en sus películas, utilizando diferentes contextos y escenarios. Extremadamente versátil en la forma pero siempre coherente en el fondo.

Y añado, humildemente, que para hablar de películas como Starships Troopers me tengo que lavar la boca primero y que este post no se debe tomar como crítica, porque es mi visión, quizá poco objetiva y me ciega el amor 😉

Starships Troopers, se desarrolla en un futuro en el que las clases sociales están muy bien delimitadas, aunque todas conviven afectadas por el mismo control corporativo, promotor de la lucha contra el enemigo común, como medio de autoafirmación de una humanidad mantenida a base de sentirse la especie dominante.

Aunque se nos muestre un futuro que disfruta de una tecnología avanzada, y a cierto sector de la población con una inteligencia sobrealimentada, Verhoeven siembra en nosotros la semilla de la duda, de la anti evolución. ¿Y si esa sociedad es un niño tonto que ha crecido simulando que sabe lo que hace, usando el poder, el miedo, el capitalismo y la ciencia, como piezas de las que conoce el efecto de su aplicación, pero que de las que no entiende su naturaleza?. ¿Y si la humanidad fuese el verdadero monstruo y no los insectos gigantes que pretende erradicar?.

Los ciudadanos, actúan movidos por una falsa sensación de que todo esta bajo control, siempre y cuando, funcionen como una unidad perfectamente cohesionada. En cuanto a los civiles, ¿que hay mas tranquilizador que saber que si te ataca una horda de insectos gigantes un ejercito eficaz dirigido por un gobierno competente estará ahí para salvarnos?.

El choque contra el muro viene, cuando la realidad es que no pueden hacerlo. No pueden salvarlos. Las ciudades son destruidas y los seres queridos, a pesar de todo, mueren. La realidad que no vemos es que cada uno tiene que salvarse a si mismo primero para ayudar a otros y que los que mueren para preservar el buen funcionamiento de su mundo, y de su gobierno supuestamente eficaz, son precisamente los ciudadanos y los civiles a los que deberían proteger. Ellos son los cimientos que sostienen los edificios y a la vez, la bola de demolición, el ladrillo y el obrero que lo coloca.

A pesar de lo divertido que resulta ver en la pantalla toda esa espiral de violencia, sangre, armas laser y trozos de arañas gigantes volando por ahí, es increíble como Starships Troopers, nos enseña sin tapujos que todos, absolutamente, estamos hechos de la misma piel, carne y huesos. Que los que nos dirigen, son tan inútiles, como lo podríamos ser nosotros mismos. Que nos hemos creado una sociedad y unos principios morales orientados a preservar una seguridad y un bienestar efímero, artificial. Y que, con ello, hemos ido perdiendo capacidad para hacernos preguntas, tratar de entender, evolucionar y con ello intentar mejorar el mundo.

En el cine, lo falso y lo exagerado, puede resultar de una sinceridad apabullante, al mismo tiempo, que hace de lo auténtico una caricatura. Y esto, creo,  Verhoeven lo sabe muy bien.